sábado, 26 de septiembre de 2026

CRÓNICA DE LA BELLEZA

De una forma clásica los músicos se sientan en el escenario frente a sus instrumentos y todos a una, el tres, las guitarras, el piano de cola, el contrabajo, el clarinete, entonan una melodía que aúna jazz, música barroca, son cubano y nueva trova. Todo suena como conjunto, cada voz se entiende como una. Así, como la poesía y la voz del maestro, también son una y parte del todo. Es viernes, viernes noche, 

Suena de repente una canción, una canción nacida de una pesadilla. Esta canción siempre la sentí como un delirio onírico, como una lucha del hombre contra sus demonios internos, contra las oscuridades del alma. Ayer la viví como una descripción veraz de nuestra época. Contra los argumentos infantiles que buscan legitimar la xenofobia y el racismo, contra esa tibieza que es mantenerse equidistante, podemos luchar y vencer solo con la verdad, con la palabra y, aunque le pese a alguien, con la belleza. Porque la hidra es incapaz de digerir lo bello, pero tiene más cabezas, a cual mayor, y aunque acabemos con una, aunque la atragantemos de razón, crece otra, que imagino peor. 

En 1990 Melina Mercouri dijo que una lata de coca-cola había vencido al Partenon. Con aquella cita yo construí una imagen: unos hombres de traje gris y corbata oscura que terminan su refresco y arrojan las latas a una fosa abierta en la acrópolis ateniense. Nadie cierra la fosa ni adecenta el lugar, las ruinas son solo edificios viejos para ellos y el cadáver que descansa en la tumba es la Historia y la memoria, pongamos que, también, la democracia. 

Ayer antes del concierto pensé en esa frase. Y en quienes no quieren escuchar pero tampoco dejan escuchar a los demás; en los exabruptos, en la forma de subir la voz y hacer ruido como rebuznos para tapar el eco de otras voces, quizás más viejas y desgastadas y, por eso, en apariencia débiles; en quienes acuden a mensajes prefabricados y argumentos falaces en las redes; en músicas horrendas fabricadas por el laboratorio de una agencia de recaudación que resuenan incansables y adormecen nuestras neuronas.... y pensé en todos, en los mercantilistas, en los potentados, en los tibios, en el odio enmascarado de buenas formas, en todos formando una hermandad de bebedores de refrescos, en todos, y todas, bebiéndose una lata de refresco de un tirón, y, al unísono, marcialmente, elevando su cabeza, hinchando su pecho, abriendo su boca y eructando. 

Es de noche, viernes, viernes noche, y un solo pañuelo de cuadros es capaz de absorber el eco del estruendoso eructo. En el auditorio un hombre, una guitarra, débiles armas contra la poderosa mentira. Pero se obra el milagro, con el beneplácito del benéfico espectro de Aute, los acordes nos llevan a Ojalá, Quién fuera, Eva...  nuestro corazón viaja al tiempo mágico en el que creímos en la utopía, en el que pensamos que podríamos simplemente vivir para hacer un mundo mejor, y nos devuelve a nuestro tiempo, y nos confirmamos en nuestras convicciones. No sabría contar cuántas almas ayer fueron, ayer viernes, viernes noche, bellas y libres. ¿Cuántos lacrimales dejaron escapar gotas de rocío?

Ya no me apetece acallar los rebuznos, ni domar la ignorancia, ni mostrar a nadie qué significa en el tumulto pisarte los pies. Solo quiero refugiarme en ese espacio abierto a todos, con muchas puertas, en el que se entra creyendo en la justicia, en la equidad... en la belleza. 

Ya no quiero regalar palabras ni canciones a los que no rozaron, ni siquiera ni un momento, la belleza. Solo quiero saber si con las palabras, la voz, la música y el amor estoy armándome con un cañón de futuro para silenciar canallas.    



 A mis compañeras de concierto de septiembre de 2006, 

con las que me disculpo por no haberlo hecho mejor.

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